El salto que paralizó el tiempo

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DEPORTES

El salto que paralizó el tiempo

Era el 18 de agosto de 20008. Panamá estaba ansioso. Sabían que ese día una estrella panameña estaría dando el todo por el todo en los Juegos Olímpicos. Esa estrella tenía nombre y apellido: ¡Irving Saladino! Sí, el famoso Irving Saladino estaba representando a Panamá en la competencia de salto largo en los Juegos Olímpicos Beijing 2008.

En Beijing la gente sudaba y sudaba, pues el calor era insoportable. La gente estaba “tostada y ensopada después de ver “tantas competencias. Era el día, pero parecía que no llegaba a la hora de la competencia.

En su casa, una familia panameña esperaba ansiosamente a que comenzara la competencia de salto largo. La familia Pérez estaba muy emocionada ante la posibilidad de que un panameño ganara la medalla de oro en las olimpiadas. En esta familia había, en particular, un niño llamado Camilo. Camilo había tenido el placer de conocer a la estrella de ese día. Camilo se había sentido conectado con el saltador. Camilo sentía que Irving Saladino era una inspiración. Camilo estaba sumamente emocionado, pues sentía que la alegría viajaba a través de sus venas.

Cuando comenzó la competencia, a la familia no le tomó mucho tiempo comenzar a juzgar a los otros competidores. Todos gritaban, menos Camilo, que esperaba silenciosamente en una silla. Él sabía que gritarles a los otros competidores no significaría ninguna diferencia.

Finalmente, cuando Irving Saladino se acercó al punto de salida, la gente se silenció. Ni el cantar de los pájaros se escuchaba.  Se podía ver la ansiedad en las caras. Este era el momento. Pronto la espera se acabaría. Cuando el silbato sonó, todo pareció moverse en cámara lenta. Cuando Irving Saladino saltó, el tiempo pareció estar paralizado. Nada se movía. Las hojas dejaron de caer de los árboles. Ni las moscas se movían. Cuando Irving Saladino cae sobre la arena, el tiempo volvió a su andar normal, otra vez se escuchó el sonido del aire acondicionado.  Lo único que hay es inquietud, mientras esperan a que el árbitro diga la distancia que saltó. Cuando el árbitro notificó que el salto fue de 8,34 metros, la gente de Panamá respiró con más fuerza, para gritar de felicidad, para cantar canciones de victoria.

Después de ese salto Panamá sonreía. Nunca se habían sentido de esta forma.

Cuando al fin los puntajes finales fueron mostrados, Camilo al fin gritó. Después, él contaba que no podía celebrar hasta que esos puntajes fueran anunciados, pues nada estaba asegurado, sino hasta el último salto.

Cuando le colocaron la medalla de oro a Irving Saladino, todos los panameños sentían orgullo en su corazón. En la cara de Saladino se podía ver felicidad, felicidad. Su arduo trabajo había servido: fue el primer panameño en ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Sabía que su país estaba celebrando. Y Camilo también celebró este logro histórico sin igual: ¡ese día se escucharon el nombre y el Himno Nacional de Panamá a nivel mundial!

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