“Yankee, go home!”

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EVENTOS

“Yankee, go home!”

“El Tratado Chiari-Kennedy es violentado al no permitir izar nuestro pabellón nacional en la Zona del Canal. Estudiantes intentan que se haga cumplir lo acordado entre las dos naciones y marchan hacia Balboa High School” decían los noticieros la mañana de aquel 9 de enero de 1964.  Rosa, que veía la televisión desde muy temprano, recuerda lo que sintió aquel día. Y es que esta niña de diez años fue testigo en su casa de la lucha por la soberanía y del miedo que nacen de la injusticia y la adversidad.

Todo empezó con aquellas noticias y con la indignación que produjo todo lo que se narraba en los noticieros. En la radio y en la televisión narraban los sucesos, y era muy aterrador. “Muere el estudiante Ascanio Arosemena”, se escuchaba por todo Panamá. Rosa estaba asustada, y sentía en su pecho el amor por su querido Panamá. Así que, llena de patriotismo y emoción, salió en su calle con el deseo de defender a su país en aquel momento crítico que se vivía, tratando quizá, de ocultar el miedo con el que su corazón latía al pensar en su papá, porque él trabajaba, como doctor, en el Hospital Santo Tomás, muy cerca de la zona de peligro. Las imágenes la llenaban de temor y solo rogaba que nada malo le llegara a pasar. “Dios, cuida a mi papá, te lo pido, por favor”.

Toda la familia esperaba, preocupada, alguna noticia, hasta que el sonido de las llaves en la puerta los alivió, pues él había regresado al hogar, a salvo de aquella situación. Vieron su bata ensangrentada. Él les contó que no tuvo hora de descanso y que muchísimos pacientes llenaban la sala del hospital.

Esa noche, en casa, nadie dormía. Todos estaban llenos de nervios y de preocupación, llenos de miedo; nerviosos al pensar qué pasaría al siguiente día. Así amaneció, y el sentimiento seguía siendo totalmente antiamericano. Las revueltas seguían y su papá tenía que volver a trabajar. Rosa y su familia se quedaron frente al televisor, para ver si alguna noticia importante saldría. En la pantalla se iluminaba todo lo que pasaba: los estudiantes con rocas y un sentimiento que los guiaba, llenos de patriotismo se enfrentaban a los Zonians que, con rifles y armamentos se veían como unos odiosos asesinos. Todo era injusto pues los panameños solo querían izar su bandera, y eso provocaba una lucha desigual que nos dejaba heridos y mártires que lamentar.

Después de muchas imágenes, Rosa logró ver al presidente de Panamá, quien habló con mucha decisión. Lo escuchó decir que rompía relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Al principio Rosa no lograba entender lo que estaba pasando, pero cuando su mamá le explicó, se sintió con fuerza, pues su pequeña nación había hecho lo que ningún país se hubiera atrevido a hacer. En ese momento todos se sentían uno, todos se sentían Panamá. Rosa se asomó a la ventana y llena de orgullo gritó: “Yankee, go home!”.

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