El hombre de las campanadas

500 años de Panamá La Vieja
11 Jul 2019
LUGARES

El hombre de las campanadas

 

Hace unas semanas noté algunos cambios en mi barriada. Las calles estaban un poco más limpias, los materiales de construcción abandonados en cada esquina desaparecieron y cuando caminaba al chino de la esquina, no veía al señor que siempre parece sacudir un vaso con monedas cuando le pasas por al lado. Cuando le pregunté a mi mamá qué había provocado tantos cambios, me dijo que estabamos esperando la visita de un hombre muy importante, al quien debíamos presentarle la versión más linda y pintoresca de nuestra ciudad. Luego de haber obtenido esta información, traté de pensar en quién podría ser tan importante como para modificar mi barrio entero en cuestión de unos días, cuando ya mis vecinos y mi familia llevaban rato peleando por un cambio. ¿Quién podría tener tanto poder así?

 

Al pasar los días, sentí un cambio en el ambiente. Parecía que todo el vecindario estaba aguantando la respiración. Las doñitas que se sentaban en el borde de la acera a chismear ahora estaban colgando banderas y arreglando el frente de sus casas y los abuelitos que se iban al parque a jugar dominós se mudaron al patio de uno mis vecinos. Mi papá llegó del trabajo una tarde con una televisión pequeña. No lo podía creer. ¡Finalmente iba a poder ver los partidos de fútbol que tanto escuchaba en la radio! Sin embargo, mi padre se limitó a enchufarla, probar que prendía, desenchufarla de nuevo y decirnos que no podíamos prenderla porque consumía mucha electricidad pero que pronto la usaríamos para ver la llegada del hombre tan esperado. Allí fue donde entendí lo importante que era este señor, mi papá nunca se hubiera gastado tanto dinero en una televisión cuando ya teníamos una radio que funcionaba perfectamente.

 

El cambio final y verdadero se presentó unos días después, el día de la llegada del gran hombre. Cerca a mi casa hay un edificio blanco y grande que, por la mayoría de mi vida, había estado tapado por una tela negra. De vez en cuando se escuchaban sonidos de construcción que venían de adentro, pero siempre me pareció abandonada. Cada vez que le pasabamos por al frente, mi madre se detenía, miraba al cielo y nos decía que el día que volvieran a sonar las campanadas, el barrio estaría completo de vuelta. Ese día, mi mamá nos despertó temprano, almorzamos todos en familia y nos apachurramos todos frente a la televisión minúscula. Después de descifrar cómo funcionaba el control, mi papá encontró la imagen que llevabamos semanas esperando ver. Un pequeño hombre vestido de blanco se estaba bajando de un avión enorme. Apenas pisó el suelo, se formó una fila de políticos importantísimos del país. Todos querían saludar al hombre. Estaba pensando en lo poderoso que debía ser el señor, cuando de repente se escucharon unas campanadas. Salí corriendo a la calle y logré verla en todo su esplendor. La llegada del hombre había hecho el último cambio. La catedral de Panamá estaba terminada. El Casco Antiguo estaba completo.

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